Hoy Facebook (esa red social que ya suena a vintage) me recordaba que hace nueve años me llegó, por fin, el libro “Lessico Familiare”. Es un libro escrito en italiano en el que Chiara Cretella y yo explicamos algunos de los términos más importantes para explicar la violencia machista hacia las mujeres.
En Italia, había un enorme desconocimiento generalizado sobre la violencia de género. Casi diez años después, algunas definiciones se nos han quedado algo desfasadas y otras muchas palabras han llegado a nuestro vocabulario. La sociedad italiana conoce mejor qué es la violencia de género, pero seguimos viendo ejemplos que nos muestran que hay muchas personas que no tienen nada claro.
Y las palabras importan mucho cuando hablamos de un problema social y cultural.
Estos días, el país entero está impactado por el asesinato de una joven de 22 años por su novio. La pareja estaba desaparecida y muchas personas nos imaginábamos lo peor, pero los medios no han parado de repetir lo bueno que era ese chico, que era imposible que la hubiera asesinado. Ahora, que ya sabemos que el asesino ha sido él, los medios hablan de un “monstruo”.
¿Qué ha pasado? ¿Cómo ha podido ser? Se repiten preguntas como si estuviéramos hablando de algo nuevo, de un fenómeno nuevo que nadie nunca hubiera estudiado. También aparece gente hablando del tema como si supiera todo y como si tuviera las soluciones mágicas para todo.
Este caso mediático ha hecho que políticos de todo tipo se muestren afectados por el caso e, incluso, Ignazio la Russa (político conocido por su machismo y homofobia y por declaraciones vergonzosas) proponga hacer una manifestación contra la violencia en la que participen solo hombres, porque, según ha declarado, la violencia atañe, sobre todo, a ellos.
Me sorprende la facilidad que tienen algunos políticos de hablar y de posicionarse sobre ciertos argumentos y, al mismo tiempo, no entender nada del problema. Pero esto es otro tema.
De este caso, me quiero quedar con algo que me ha impactado mucho de forma positiva (dentro de lo positivo que pueda haber aquí). La hermana de la joven asesinada ha hecho varias declaraciones muy potentes, muy fuertes y muy acertadas sobre la muerte de su hermana.
Gracias a mujeres como ella, seguimos avanzando y nos sentimos todas menos solas. Gracias a la fuerza de muchas, incluso en momentos y circunstancias horribles, estamos donde estamos. Gracias a las que gritaron “se acabó” antes que nosotras existiéramos, hoy podemos reclamar nuestros derechos.
Parece que el tiempo en el que no tengamos que llorar a nuestras asesinadas aún no llega, pero espero que estas palabras hayan removido muchas conciencias y que ese momento esté más cerca.
He traducido al español la carta que Elena Cecchettin ha enviado al periódico italiano Il Corriere della Sera.
“A menudo se hace referencia a Turetta como un “monstruo”, pero no es un monstruo. Un monstruo es una excepción, una persona fuera de la sociedad, una persona de la que la sociedad no debe responsabilizarse. Sin embargo, aquí sí hay responsabilidad. Los «monstruos» no son enfermos, son hijos sanos del patriarcado, de la cultura de la violación. La cultura de la violación es la que legitima todos los comportamientos que perjudican a las mujeres, empezando por cosas a las que a veces ni siquiera se les da importancia, pero que sí la tienen, como el control, la posesión, el catcalling.
Todos los hombres se benefician de esta cultura.
A menudo, se dice «no todos los hombres». Todos los hombres no, pero son siempre hombres. Ningún hombre es bueno si no hace nada por desmantelar la sociedad que tanto les privilegia. Dado su privilegio y poder, es responsabilidad de los hombres en esta sociedad patriarcal educar y señalar a amigos y colegas en cuanto vean el más mínimo atisbo de violencia sexista. Decídselo a ese amigo que controla a su novia, Decídselo ase compañero que grita a las mujeres que caminan por la calle, haceos hostiles a esos comportamientos aceptados por la sociedad, que no son más que la antesala del feminicidio.
El feminicidio es un asesinato de Estado, porque el Estado no nos protege. El feminicidio no es un crimen pasional, es un crimen de poder. Necesitamos una educación sexual y afectiva articulada, necesitamos enseñar que el amor no es posesión. Necesitamos financiar centros antiviolencia y dar la oportunidad de pedir ayuda a quienes la necesitan.
Por Giulia no hagáis un minuto de silencio, por Giulia quemadlo todo.”


